corredor, se prendió una lámpara de petróleo y se escuchó el movimiento de los maxilares del cabo de guardia. Un viento frío se

levantó

sobre el campo desértico. De pie nuevamente, él se acercó a, la puerta de la celda: maderos gruesos, ocote sin pulir, y

el único misterio que de verdad nos hace vulnerables. A esa hora, cuando el cielo parece a punto de helarse, puede que se

levante

un soplo de viento muy ligero como la sombra de un fantasma, y acaso, con suerte, alguien que camina a nuestro lado y que

la hierba de camello, un terreno de montículos arenosos que rodean a la planta. Me abrí, y mientras estaba adelantando se

levantó

una racha de viento muy fuerte que arrastró mucho polvo y me cegó, lo que me impidió ver la hierba de camello que venía