una muralla infranqueable de ramas de espinos. Los soldados bolivianos, llegados del frío de los Andes al calor del Chaco,

abrían

camino a los camiones con machetes. El historiador boliviano Roberto Querejazu Calvo ha escrito en Masamaclay la gran crónica

y planes criminales. El jueves partieron hacia el sur, posiblemente siguiendo la ruta de la Plata. Un coche iba delante

abriendo

camino, con un terrorista, y el polvorín rodante, con otros dos etarras, iba a una distancia prudencial. El viaje era,

que no explicó su método de cálculo), secundaron la marcha, convocada bajo el lema En defensa de nuestras instituciones.

Abrieron

la marcha un grupo de ciudadanos particulares que portaban una pancarta con esa frase en euskera y en castellano, a los

su ventaja no superaba los 30 segundos. Y Mancebo pensó que si seguía ahí, con aquella gente, reventarían todos antes de

abrir

camino, como le recordó de palabra Vinokúrov. "Por favor, Paco, Paquito, déjanos tranquilo, ésta no es tu fuga". "Y entonces