TEXT·A·GRAM

Análisis de texos en castellano desde el punto de vista de la Gramática Textual

Versión: 31 de mayo, 2022

En esta nueva versión agregamos a la estadística descriptiva de los hallazgos la tabla con los totales, que vienen inmediatamente después del barrido y de las estadísticas por categoría, en el caso de marcadores discursivos, deixis y modalización.

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BARRIDO DE MARCADORES DISCURSIVOS

Esta función de TEXT·A·GRAM sirve para encontrar, clasificar y etiquetar automáticamente marcadores discursivos en un texto, siguiendo la taxonomía de marcadores de Martín Zorraquino y Portolés (1999). Estas etiquetas se diferencian a partir de colores, marcas visuales como el subrayado, el ennegrecido de la palabra y su respectiva categorización en corchetes del lado derecho del marcador encontrado.

Los marcadores discursivos

Para el mantenimiento de la cohesión y la coherencia dentro de un texto se requieren, entre otros elementos, lo que se conoce como marcadores discursivos. La definición y clasificación de estos tiende a ser diversa, ya que a partir del enfoque y el contexto en el que estén situados, su terminología y parámetros tienden a cambiar constantemente. Según Martín Zorraquino y Portolés (1999), los marcadores discursivos serían “ciertas unidades lingüísticas que puedan presentar usos discursivos, empleos enfatizadores, valores expresivos, etc.” (1999, p. 4055). Por lo tanto, estas unidades tendrían dentro de sí tipos de palabras como preposiciones, adverbios, conjunciones, y otros elementos gramaticales que puedan desempeñar estas funciones, aunque no sean sus habituales. Los autores dicen que estas formas lingüísticas, para llegar a ser marcadores discursivos, deben cumplir con una cantidad de propiedades como:

  • vinculación con nociones externas a la predicación de la oración
  • invariabilidad en sí mismos
  • heterogeneidad en su categoría
  • versatilidad en su posición oracional
  • pluralidad de significados y entonación
  • adscripción a distintos registros

En síntesis, dan a entender que los marcadores discursivos son unidades lingüísticas invariables, gramaticalizadas en la lengua y utilizadas tanto en un contexto conversacional como escrito. Son elementos que no buscan ejercer una función sintáctica en la predicación de la oración, y que tienen el propósito de guiar al lector a través del texto, manteniendo la coherencia entre las ideas.

Calsamiglia y Tusón (1999) definen también el concepto de marcador discursivo. Las autoras los describen como “piezas lingüísticas que relacionan de forma explícita segmentos textuales, (…) estableciendo entre ellos diversos tipos de relaciones semánticas” (1999, p. 245). A pesar de que no necesariamente tienen que estar estos elementos explícitos en el texto para que este tenga coherencia, su importancia lingüística recae justamente sobre esta función, el demostrar de manera explícita las conexiones del texto. Las características principales que deberían tener estas unidades para ser llamadas marcadores discursivos serían el presentar una forma variada (simples, compuestas, sintagmas nominales, distintas categorías gramaticales, etc.), una progresiva gramaticalización (llegar a existir por sí mismas dentro de la lengua), la capacidad de formar conexiones entre los enunciados del texto, estableciendo así una relación semántica, y una finalidad discursiva, enfocada en proporcionar cohesión, coherencia y estructura al texto. De esta forma, los marcadores discursivos son presentados como piezas lingüísticas heterogéneas y gramaticalizadas que relacionan enunciados, guiando al lector a través del texto y proporcionándole a este último estructuración y cohesión de manera explícita. Como un alcance, es necesario mencionar que las autoras diferencian entre marcadores discursivos y conectores, mientras que para Martín Zorraquino y Portolés (1999) estos últimos serían una subcategoría de marcador discursivo.

Por último, cabe mencionar las investigaciones hechas por Fraser (1999)ya que, a pesar de estar en inglés, proporcionan valiosa información con respecto a lo que puede y no puede ser un marcador discursivo, a partir de los análisis realizados por el propio autor y los de otros investigadores, publicados a través del tiempo. Para definirlos, entonces, responde a preguntas tales como cuál sería la función de estos, qué palabras no serían marcadores y cuál es su estatus gramatical. Respectivamente, el autor nos dice que la función de los marcadores es crear una relación entre el segmento en el que este está impuesto y el segmento anterior, en otras palabras, los marcadores tendrían la función de ser un puente entre los enunciados de un texto. Después, para especificar aun más la definición, dice que estos no pueden ser modalizadores o palabras que funcionen como modalizadores, ya que estos estarían señalando a un mensaje o significación aparte de la enunciación y no dentro o formando parte de la enunciación. Por último, el autor dice que, gramaticalmente, los marcadores discursivos no son una categoría sintáctica separada, sino que están formados por tipos de palabras como las conjunciones, los adverbios y las frases preposicionales. Al mismo tiempo, indica que la significación de estos no es conceptual, sino procedimental, es decir, serían palabras funcionales, unidades vacías semánticamente y que solo adquieren un significado funcional según el contexto en el que se encuentran. Fraser, entonces, define los marcadores discursivos como expresiones léxicas provenientes de otras clases de palabras, las cuales tienen la función de unir dos segmentos en el que se encuentran impuestas y el anterior, y cuyo significado es negociado, dependiente siempre del cotexto.

A pesar de que los autores mencionados definen a los marcadores discursivos de manera ligeramente distinta, sí se presentan puntos en común, los cuales apoyan a la definición presentada y utilizada en esta herramienta. Así, los marcadores discursivos se definen como unidades lingüísticas conformadas principalmente por conjunciones, adverbios y preposiciones o frases preposicionales, que cambian su función habitual a partir de un determinado contexto; al ser de este tipo de palabras, no tienen significado propio, ya que este es otorgado por el texto. Su utilización tiene que estar gramaticalizada en la lengua, es decir, no puede variar en su uso (un “sin embargo” no puede cambiar a “sin embargos”). Además, deben encontrarse explícitos en el texto, para lograr la menor cantidad de inferencias erróneas posibles. Por último, sus funciones principales serían estructurar el texto, crear relaciones de cohesión, mantener la coherencia global y local y guiar al receptor en su lectura.

Clasificación

Como se ha mencionado anteriormente, para la creación de este instrumento se decidió utilizar las clasificaciones descritas por Martín Zorraquino y Portolés (1999), quienes dividen a los marcadores discursivos en 5 tipos principales. Sin embargo, teniendo en cuenta que la herramienta solo se enfoca en textos escritos, los marcadores conversacionales (propios de las formas orales) no se presentan en la taxonomía seleccionada. De todos modos, se ha decidido mantener su definición en la documentación para un mayor entendimiento de las clasificaciones en general.

Los ejemplos para cada taxonomía se encuentran en la tabla más adelante.

a) Conectores: se definen como los marcadores discursivos que buscan vincular semántica y pragmáticamente dos segmentos dentro del discurso, guiando al lector para que logre entender esta relación. Esta clasificación tiene tres subclasificaciones: los aditivos, que unen a dos elementos en una misma orientación; los consecutivos, que explican las relaciones de causa y consecuencia entre dos segmentos; y los contraargumentativos, marcadores que buscan eliminar posibles conclusiones con respecto a la secuencia anterior.

b) Estructuradores de la información: señalan la organización discursiva del texto, por lo que carecen de significado argumentativo y solo se enfocan en la estructura del escrito. Estos también se dividen en tres subclasificaciones: los comentadores, que buscan introducir información a partir de un comentario con respecto a lo anteriormente dicho; ordenadores, que buscan destacar el orden de los elementos del texto; y los digresores, marcadores que introducen un comentario, pero de forma lateral o apartada.

c) Operadores argumentativos: son los marcadores que condicionan las posibilidades de argumentación, del segmento en el que están impuestos, en relación con el anterior. A diferencia de los otros, estos solo tendrían dos subclasificaciones: los de refuerzo argumentativo, que hacen más fuerte al argumento mencionado en contraste a otras posibilidades, y los de concreción, que buscan mostrar un ejemplo para apoyar lo que se ha dicho.

d) Reformuladores: buscan reformular el enunciado anterior a través del siguiente, es decir, se busca decir algo pero con otras palabras. Estos se dividen en 4 subclasificaciones: los explicativos, que introducen la explicación del enunciado anterior; los rectificativos, que corrigen o definen de manera más adecuada al elemento apelado; los de distanciamiento, que buscan alejarse del compromiso de lo dicho en el texto; y los recapitulativos, que concluyen o sintetizan lo que se ha ido expresando.

e) Marcadores conversacionales: se definen como las partículas discursivas que tienden a aparecer en las conversaciones cara a cara. Estos serían los de modalidad epistémica, que le señalan grados de certeza al interlocutor con respecto a su discurso (“claro”, “desde luego”); los de modalidad deóntica, que demuestran actitudes volitivas del hablante respecto a lo que se está diciendo (“bien”, “vale”); los enfocadores de la alteridad, donde el hablante orienta a su interlocutor respecto al mensaje y a sí mismo (“oye”, “mira”); y por último los metadiscursivos conversacionales, que buscan estructurar la conversación, alternando turnos de palabra, distinguiendo las informaciones, etc. (“este”, “bueno”). A pesar de que estos marcadores pueden aparecer en textos escritos, hay que entender que este uso no es prototípico, y que muchas de estas apariciones provienen de transcripciones, por lo que siguen teniendo un origen oral.

La taxonomía de marcadores discursivos utilizados por TEXT·A·GRAM fueron tomadas del proyecto Dismark: http://www.tecling.com/dismark

Bibliografía


Calsamiglia, H. y Tusón, A. (1999). Las cosas del decir. Barcelona: Editorial Ariel.
Fraser, B. (1999). What are discourse markers? En Journal of Pragmatics, 31, 931-952.
Martín Zorraquino, M. A. y Portolés, J. (1999). Los marcadores del discurso. En I. Bosque y V. Demonte (eds.) Gramática descriptiva de la lengua española, vol. 2. Madrid: Espasa, pp. 4051- 4213. "; } elsif ($_[0] eq "deixis") { print "

BARRIDO DE LA DEIXIS
El etiquetador de deixis es una herramienta que permite encontrar, clasificar y etiquetar deícticos (marcas textuales por los cuales actúa la deixis) de un texto determinado. Estas etiquetas se diferencian a partir de colores, marcas visuales como el subrayado y el ennegrecido de la palabra, y su respectiva categorización en corchetes al lado derecho del deíctico marcado.

La deixis

El concepto de deixis tiende a variar con respecto a su definición y sus clasificaciones. Esto porque algunos de los autores que trabajan la deixis mencionan más categorías que otros, y entre todos tienden a definir parámetros distintos sobre qué es y qué no es la deixis. Cuenca (2010), por ejemplo, habla de la enunciación y la deixis, donde la enunciación es todo lo que se relaciona con el “aquí y ahora” del mensaje, pero también el “yo y tú” de este mismo (el emisor que escribe el mensaje y su receptor); y la deixis es la que se encargaría de demostrar estas instancias. Los deícticos que utiliza para lograr esta acción se clasifican en personales, espaciales y temporales. Los personales serían las marcas de primera y segunda persona, ya que solo destacan a las personas que se relacionan con el emisor y el receptor, y no a las que se hace referencia. Los espaciales son los elementos que demuestran el espacio de la enunciación, son palabras que llenan su significado a partir de lo que se conoce del lugar en donde es escrito y dirigido el texto. Por último, los temporales serían las marcas de temporalidad que referencian al tiempo en que se escribió o se está escribiendo el texto. Los deícticos, al estar compuestos por distintos tipos de palabras, solo se tomarían en cuenta las que no tienen más significado que el que se aporta dentro del texto y/o el contexto comunicativo.

Lozano, Peña-Marín y Abril (1989) también utilizan el concepto de enunciación para describir a la deixis. Los autores describen la enunciación como el acto del lenguaje donde se genera el discurso, es decir, lo que se dice en un determinado contexto. La deixis, entonces, es definida como la localización e identificación de las personas, objetos y acontecimientos que se relacionan con el espacio y tiempo de la enunciación de un determinado texto. En esta descripción se hace nuevamente mención a los deícticos (llamándoles también por su nombre en inglés, shifters), los cuales formarían el sistema de referencias internas que utiliza el texto para remitir y/o referenciar a la enunciación, de alguna forma “moviendo” (shifting) la atención del lector a otro momento. Se recalca también la condición de símbolos-índices (de la terminología peirceana) de estos elementos, ya que, para lograr su objetivo, deben tener una significación genérica o indeterminada. Esto significa que solo pueden adquirir un sentido completo cuando se conoce el cuándo, el dónde y por quién fue enunciada la ocurrencia en particular a la que hacen referencia. En otras palabras, los deícticos estarían compuestos por “palabras vacías”, por lo que (tanto los deícticos personales como los espaciales y los temporales) recurrirían a recursos como los pronombres personales y demostrativos para remitir a la situación en concreto.

Por su parte, Renkema (1999) describe a la deixis como “las conexiones entre el discurso y la situación en la que se utiliza el discurso” (1999: 102), es decir, la relación que existe entre el texto y el momento en que este es escrito (o enunciado). Los deícticos serían las marcas o indicadores que se utilizan para demostrar la situación de enunciación dentro del texto, por lo tanto, poseen un punto de referencia que será dependiente del autor, su espacio y su tiempo. La descripción que da de las categorías de los deícticos es distinta, ya que describe a la deixis de persona o actancial como las instancias donde se marca el “yo” (el hablante), el “tú” (el receptor), y el “él o ella” (de lo que se habla), por lo tanto, incluiría a la tercera persona, pero solo en relación a las otras dos que están dentro de la enunciación. A la deixis de lugar la define como a los momentos en los que el hablante menciona si algo está cerca o lejos de sí (“estos”, “ese”, “aquí” y “allá”), y a la deixis temporal como la utilización de adverbios de tiempo (“hoy”, “ahora”) y los tiempos verbales (“he caminado”, “investigué”) que mantienen una relación con el momento de escritura del texto y de existencia del autor.

Por último, Calsamiglia y Tusón (1999) definen a la deixis a través del concepto de indexicalidad, la cual sería el mecanismo que utilizan los interlocutores para mencionar elementos de la situación pertinentes para el intercambio comunicativo, sea para situar a la otra persona o para darle un trasfondo a este intercambio. Los deícticos (que también llaman conmutadores) serían los elementos lingüísticos que representan la indexicalidad dentro del texto, dependiendo completamente de la situación en la que ha ocurrido la enunciación, y describiendo así el quién, cuándo y dónde de esta misma. La deixis entonces, crearía el terreno común, mientras que los deícticos organizarían el tiempo, lugar, participantes, e incluso, los elementos textuales dentro de este terreno.

A partir de los distintos puntos en común que tienden a tener los autores, se ha definido a la deixis como la capacidad que tiene un texto para referenciar al momento de su enunciación y a los involucrados dentro de esta, mientras que los deícticos son los mecanismos que se utilizan para lograr esto mismo, haciendo mención al tiempo y al espacio en el que estaba el autor cuando lo escribió. Son elementos lingüísticos explícitos dentro del texto que demuestran tanto la existencia de un emisor (primera persona), un receptor (segunda persona), la interacción de ambos, y el espacio y tiempo de donde parte esta situación específica.

Clasificación

Las etiquetas utilizadas para la clasificación de los deícticos se escogieron a partir de los distintos nombres que se les ha dado dentro de las investigaciones de la lengua española; estos son entonces, los deícticos actanciales, espaciales y temporales. En esta clasificación solo se toman en cuenta como deícticos a los elementos que tienen un cierto grado de vacío en su significación, el cual se llena solo con lo que se conoce sobre la enunciación del texto, y no con lo que se dice dentro del cotexto. Por lo tanto, el instrumento no reconoce como deícticos los sustantivos propios, como nombres de países o ciudades, ya que estos son entendibles en todo contexto.

Referencias
Calsamiglia, H. y Tusón, A. (1999). Las cosas del decir. Barcelona: Editorial Ariel.
Cuenca, M. J. (2010). Gramática del texto. Madrid: Arco libros.
Lozano, J., Peña-Marín, C. y Abril, G. (1989). Análisis del discurso: Hacia una semiótica de la interacción textual. Madrid: Cátedra.
Renkema, J. (1999). Introducción a los estudios sobre el discurso. Barcelona: Gedisa.

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TEXT·A·GRAM es un producto del Grupo Tecling.com

Concepto y desarrollo: Rogelio Nazar

Colaboraron con el desarrollo: Javier Obreque, Diego Sánchez, Hernán Robledo, Paolo Caballería, Nicolás Acosta, Scarlette Gatica y Andrea Alcaíno.

Documentación: Andrea Alcaíno.